Una noche de tango en Buenos Aires

Una paeja baila tango en Buenos Aires

💃🏻 Un vestido de seda y encaje junto con un gran sombrero de plumas destacan entre pantalones de jean y camisas. Graciana tiene 79 años, pero con total agilidad hace girar su falda sobre una tarima que está en la Avenida de Mayo de la Ciudad de #BuenosAires: de una esquina a otra, de un lado a otro. Aunque la noche está por encima de los 20° C, no le importa la tela ajustada en su cuello y en sus brazos porque de entre los casi 12 trajes que tiene en su clóset que ella misma elaboró, este lo escogió con toda la intención: volver a los años 1930 y 1940, la Edad de Oro del tango.

🕺La acompaña Alberto, su pareja en los últimos 20 años, cuyo esmoquin negro también resalta en la #GranMilongaNacional de este año
—por el #DíaNacionalDelTango en honor a #CarlosGardel—, donde todos bailan en una tarima o en la calle, con zapatos deportivos o tacones rojos.

—Cuando vos bailás tango son dos corazones que se unen, hay una conexión cuando vos encontrás a tu pareja preferida —Alberto le da un beso en la mejilla a Graciana 💗

Un 13 de marzo de 1998, en una confitería que ya cerró, Alberto, ya viudo, vio a Graciana, viuda también, en una mesa junto a otras nueve mujeres. “¿Bailás?” 😏, le murmuró entre dientes. ¿Qué vio en ella que no vio en las demás?

—¡Tenía la pollera (falda) amarilla! —ríe a carcajadas—. Ahora, como la ves, que es hermosa, ¿te imaginás 20 años atrás?

🥇Desde entonces, han ganado medallas de oro y de plata en los torneos bonaerenses, han sido finalistas del Mundial de Tango, han dado clases en muchos lugares, pero, ahora, a sus casi 80 años, solo quieren disfrutar de este baile que representa su vida y con el que se sienten vivos al bailar. Le dan la bienvenida a la juventud al tango 👠.

Son ‪las 8 de la noche‬ del 8 de diciembre de 2018, y Graciana, todavía coqueta, se viste con los botines de tacón negro que le fabricó su esposo —Alberto es zapatero desde sus 11 años de edad— y se aplica una sombra azul con un delineado negro que sigue perfectamente la curva de sus párpados. Bailan, aceptan hablar con periodistas y tomarse fotos con la gente, todo de pie y plácidamente.

Milongas nacionales de otros años las han terminado con un café y medialunas —un día vinimos y hacía un frío terrible, ¿te acordás, negra?—, pero hoy, cuando la temperatura está por encima de los 20 °C, dicen que quizá, ‪a las 3:00 am‬, cuando culmine el evento, vayan por unas cervezas con amigos 🍻. “Hoy, es un día para disfrutarlo” —sonríe abiertamente Alberto.

Alejandro tiene 37 años y su primer acercamiento con el tango fue a través de una banda de rock. Milena tiene 20 años y el primer tango del que se enamoró fue “Deseo” de Guillermo Fernández. No son pareja formal, pero confiesan que hay cierta conexión 💗.

—Si no, no bailaríamos como bailamos.

Es la noche del 8 de diciembre y Milena luce un ajustado vestido negro que deja al descubierto el juego de piernas que desarrolla con Alejandro en plena Avenida de Mayo durante la #GranMilongaNacional de este año, evento en el que todos disfrutan este baile con gran influencia en #BuenosAires 👠

Se conocieron mientras aprendían a bailar tango en un centro cultural.

—Soy un bailarín charlatán. Hay una regla en el tango que dice no hay que hablar 🤫, pero nosotros la rompimos, no lo pude evitar, menos cuando estoy bailando con una mujer tan atractiva😏, me cuesta mucho cumplirla, se me escapa un piropo, un chiste —ambos ríen y se miran de reojo.

El abandono de la timidez es lo que Alejandro le agradece al tango. Tenía 14 años cuando reproducía en casetes los tangos clásicos que musicalizaba su banda de rock Almafuerte. En casa escuchaban más folklore argentino y música española por la ascendencia de su mamá, pero hace tres años tomó finalmente la decisión de aprender a bailarlo, se lo comentó a una amiga y ella lo inscribió en el centro cultural donde conoció a Milena.

🕺💃🏻El hombre es quien guía y la mujer se deja llevar, pero Milena, quien viene del baile estructurado del ballet desde sus 6 años, le costó muchísimo. En los 7 meses que lleva recibiendo clases ha aprendido a soltarse, sobre todo mientras suena “Deseo…Tocarte y disfrutar tu cuerpo, sin un esquive más ni un regateo, me siento en celo y he perdido la razón”. Su hermana hace teatro musical, pero ella es la única bailarina de su familia.

No han ido a las milongas tradicionales, donde solo con una mirada el hombre pide bailar con la mujer y ella, con un cabeceo, acepta la tanda de mínimo cinco tangos obligatorios. Sin embargo, reciben con gusto la bienvenida que les da Graciana y Alberto a la juventud en el tango.

Agustina es joven como Alejandro —tiene un poco más de 40 años— pero a diferencia de él, ella vivió la pasión del tango en las milongas tradicionales. No se perdía ninguna: todos los días estaba ‪de 2 de la tarde a 8 de la noche‬ en las clases de tango, a esa hora llegaba a casa para una ducha rápida y luego se iba a alguna #milonga de #BuenosAires —espacios donde bailan tango— a poner en práctica todo lo aprendido 👠.

—Es bailar pecho a pecho, sientes la respiración del otro, puedes reconocer su personalidad por cómo te aprieta la mano, cómo respira. Te queda el perfume de la persona con quien bailaste 😍. Es un baile muy sensual, puede haber de todo y al mismo tiempo no hubo nada. Es ese cruce de piernas. La pareja habla, dialoga con las piernas.

Se enamoró del viaje en el tiempo a 1920 o a 1930 en las milongas tradicionales, a las que seguramente asistieron Graciana y Alberto. La atrapó que solo con una mirada el hombre pida bailar con la mujer y ella, con un cabeceo, acepte la tanda de mínimo cinco tangos obligatorios 💃🏻🕺.

—Los hombres con quienes bailaba me enseñaban, me decían ‘ojo, nena, no bailes más de tres tandas con el mismo hombre porque le estás dando a entender que le gustás y te puede invitar a tomar un café’.

Muchas veces, Agustina solo se sentaba en una silla y observaba. Solo se sentaba en una silla y aprendía 👀 : este la sacó a esta, ah no, pero él la cabeceó primero, ah, no, pero ella está esperando que otro la saque a bailar. Allí, sentada, también entendió que si los hombres le miraban los pies era para saber qué tipo de calzado usaba y, en función de eso, decidir si invitarla a bailar 🧐.

—Son mitos y leyendas —se ríe y los huesos de sus pómulos se destacan—, pero se dice que si usas zapatos negros significa que estás aprendiendo, mientras que rojos o plateados indican que ya eres profesional.

Cuando muchos empiezan a bailar tango como a los 15 años, ella lo hizo a los 32, se lamenta haber empezado tan tarde. Regresaba de haber vivido unos años en Alemania, sus amigos que había dejado en Argentina ya estaban en otros planes, así que ella decidió probar nuevas actividades.

En una milonga conoció a su actual pareja con quien tiene una niña de 3 años 👨‍👩‍👧. La tradición puede pasar de generación porque, de vez en cuando, los rulos rubios de la pequeña también se balancean al compás de su cintura cuando escucha un bandoneón, un piano y un violín.

Una pareja que baila tango

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