Historias abortadas

Concentración a favor del Proyecto de Ley del Aborto en Argentina el día de su discusión en el Senado

Yo tenía 19 años. Salía con un pibe que era un pibe chorro (ladrón). Hoy día, tengo 33 años. Fue hace mucho tiempo. En ese tiempo, me acuerdo que ese pibe me traía mochilas o pañuelos y por ahí me decía que se lo encontraba en los subtes. Claramente no era así. Pero, bueno, un día ese pibe, que era muy celoso, muy violento, me ató a la cama, me empastilló y me violó básicamente. Dos semanas después me doy cuenta que estaba embarazada. No supe a quién recurrir. Recurrí a la mamá del chabón, ella me trajo unas pastillas. Las pastillas me las metí, pero no funcionaron. Lo único que me causaron fue mucho dolor. Después de ahí, fui a una obra social, estaba con mi vieja. Mi vieja era la única que sabía, mi papá jamás. Allí me dijeron “¿ustedes qué quieren? ¿Que le mandemos a la policía?”. Yo, llorando, no quiero ser madre, la concha de tu madre, no quiero, no quería, me había violado ese chabón. Vino una médica ginecóloga y me dijo “mirá, yo no te voy a decir nada porque la obra social no me lo permite, pero tomate esto y esto”. Me lo puso en un papelito y me lo pasó. Eran las mismas pastillas que me había dado la madre de mi novio que no habían resultado. Llegué a mi casa muy frustrada, tuve que hablar con mi papá, mi papá me dijo “mirá, vos decidís, ¿querés ser mamá o no?”. Yo dije que no, mordiéndome los labios porque la verdad era que no quería. Entonces mi viejo me dice “quedate tranquila, yo te voy a apoyar en todo”. Mi papá fue la primera persona que me apoyó y la primera persona que me dijo “loca, yo voy a estar con vos”.

Fui a un lugar clandestino, en Avellaneda, que en realidad no era tan clandestino, era una mina, ginecóloga, que me hizo todos los estudios, y me dijo “bien, yo te voy a ayudar”. Fui ahí con mi mamá y mi mejor amiga. Me metieron todas las herramientas de metal que te puedan quedar en la cabeza. ¿Sabés lo que me dijo la persona que me inyectó? Me inyectó la anestesia y me dijo “pensá en algo lindo”. La verdad no tenía nada lindo en qué pensar. Lo único que hice fue mirar el papel tapiz de la pared de ese lugar, que no era nada lindo, hasta que me dormí. Tenía unos dibujos. Duró 20 minutos. Yo estaba dormida, pero el sonido del metal lo tengo acá —se lleva su dedo índice a la cabeza—. Me desperté. Cuando despierto pregunto por mi tía, mi tía nunca había ido, estaba tan mambeada por toda la anestesia. Mi mamá y mi amiga me levantaron de la camilla y me llevaron. Pasaron dos días. En esos dos días te duele toda la entrepierna, ¿viste cuando cogés tanto? Fui a mi casa y lloré como una nena, ¿ves cómo llorás, como antes que te venga, que estás totalmente sensible? Llorás con toda esa mierda, porque realmente es algo que una no quiere pasar, realmente una no lo desea, no quiere, y al mismo tiempo que no querés, te sentís culpable, te sentís una mierda, y más cuando te meten todas las pénsulas, toda la mierda de metal en la vagina. Cuando llegás a eso, amiga, la vida es una mierda, y no vas a encontrar otra cosa.

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Verde. Julieta comparte una cerveza Palermo —de etiqueta verde— con una amiga, ambas sentadas en el escalón de la entrada de un edificio en Avenida de Mayo. Luce un pañuelo verde alrededor de su cuello, una camisa verde escotada presume sus pechos y unas medias, también verdes, cubren sus pantorrillas por encima de sus calzas negras. Ese es el color que caracteriza a quienes apoyan el Proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, redactado en papel desde 2006 por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. 

—¡Laaaarvaaaaa! —desde su escalón, Julieta alza la mirada y le extiende los brazos a un hombre robusto de melena ondulada castaña y un saco que le llega hasta las rodillas. Aclara que es un editor y que lo conoció en encuentros que se hacían para ofrecer comida a los más necesitados.

El hombre la abraza, la besa en la mejilla, se sienta en el escalón, en el espacio que dejó la amiga de Julieta que fue al baño, y ofrece algunos cigarrillos.

—¡Ustedes ya ganaron, el mundo las está mirando!

—Lo que me va a molestar es que perdamos por cuatro o cinco votos.

Concentración a favor del Proyecto de Ley del Aborto en Argentina el día de su discusión en el Senado

Es miércoles 8 de agosto y el Senado de Argentina discute el Proyecto de Ley que avalaría el aborto en las primeras 14 semanas de gestación bajo cualquier circunstancia. Actualmente, Argentina solo permite el aborto si está en peligro la salud o vida de la madre o si es producto de una violación —aunque aún en estos casos los que están a favor del proyecto alegan que hay barreras por cuestiones judiciales y desigualdades en las provincias—.

Son cerca de las 4 de la tarde cuando Julieta se acerca un poco al resultado que el organismo anunciará unas 11 horas después: el proyecto, que había recibido la media sanción por parte de la Cámara de Diputados el pasado 14 de junio, es rechazado por una diferencia de siete votos y no podrá tratarse hasta el próximo año.

Más allá de los argumentos a favor o en contra, el aborto es una realidad que llega a materializarse con pastillas, pinzas de metal e incluso se cruza por la mente de quienes buscan “salvar las dos vidas” y están en contra del proyecto de ley.

Concentración en contra del Proyecto de Ley del Aborto en Argentina el día de su discusión en el Senado

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Celeste. Claudia es más discreta y solo muestra con una bufanda tejida el color que la hace formar parte de un grupo, de un colectivo, aquel que no está de acuerdo con el aborto porque, para ella, sin importar el tiempo de gestación, es una vida la que está en juego. Esto lo dice ahora que tiene 47 años, con su pañuelo celeste alrededor de su cuello, porque, con el pasar de los años, reconoce que las situaciones se ven con mayor responsabilidad, pero a los 22, cuando se enteró de que estaba embarazada, en el tiempo en el que detuvo las pastillas anticonceptivas, el aborto fue una de las cartas sobre su mesa.

Concentración en contra del Proyecto de Ley del Aborto en Argentina el día de su discusión en el Senado

—Te venden un discurso en el que tienes que tener una estabilidad económica antes de pensar en tener una familia, la sociedad presiona con el desarrollo profesional —ella cursaba el segundo año de Ciencias Económicas—. ¡Era tan grande el miedo! Yo las comprendo —a las que sacuden los pañuelos verdes—, también tuve mucho miedo, pero mi pareja de ese momento me apoyó muchísimo y hoy día lo veo con gran estima por eso.

No era la primera vez que la idea del aborto aparecía en su familia. A su mamá, los doctores le recomendaban abortar —por allá, en los años 70— porque su papá tenía una enfermedad mental. Pero Claudia nació porque su mamá era rebelde, a lo que le decían que no, ella no prestaba atención e iba y lo hacía, además, “pudo más el amor”.

Así que Claudia, cuando se le presentó un escenario similar, después de dudar un poco, decidió apostar por la vida y la esperanza de una familia —cuenta—, pero cuatro meses después, una hemorragia le generó un aborto involuntario.

—Es muy traumático perder un embarazo. Hay mujeres que no se perdonan a sí mismas —es cerca de las 5 de la tarde y Claudia sostiene un paraguas rosado sobre el que comienza a caer una lluvia que, con el transcurrir de la tarde, empeorará. La lluvia estará acompañada de la fuerza de un viento que con un solo soplido volteará totalmente los paraguas de otras personas, desafiará a los que caminen en contra de él y la única defensa de estos será bajar la cabeza en un intento de lucha para continuar su paso.

Concentración a favor del Proyecto de Ley del Aborto en Argentina el día de su discusión en el Senado

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Pero a las 4 de la tarde, la vereda sobre la que está sentada Julieta todavía está seca y su amiga con quien comparte la cerveza Palermo no ha ido al baño. Ella está esta tarde en esta concentración, mientras en su casa, su papá cuida a su hija Luna de 8 años, su niña, lo mejor que le ha pasado en la vida, porque ella lo decidió cuando tenía 25 años, no a los 19, no porque alguien la obligó, eso tiene que quedar bien claro, señala mi libreta de apuntes.

Concentración a favor del Proyecto de Ley del Aborto en Argentina el día de su discusión en el Senado

Estuvo seis meses tratando de quedar embarazada —¿sabés lo que son seis meses, boluda? ¡Pensé que era estéril! —, creyó que el proceso para abortar por el que había pasado seis años antes le impediría tener hijos. Ahora, vive en un departamento con su hija, tres gatos (Satanás, Severino y Atenas) y trabaja como vendedora en un call center.

—Soy madre soltera y me la rebanco (salgo adelante) con todos mis ovarios bien fuertes.

Han pasado ocho años desde que se mordía los labios y lloraba como una nena porque no quería ser madre. Desde que intentó con pastillas detener un embarazo y que al final consiguió —a los dos meses y medio de gestación— con unas pinzas de metal por 2 mil pesos —hoy día varias mujeres dicen que sobrepasa los 10 mil pesos—. Ocho años desde que formó parte de las más de 350 mil mujeres —según estimaciones estadísticas— que recurren al aborto clandestino cada año en Argentina y que se salvó de ser uno de los números de las muertes contabilizadas por aborto en el país —43 en 2016, según el último anuario disponible del Ministerio de Salud—. Ocho años desde que un médico en la obra social la amenazó con llevar la policía a su casa.

—Te quedan todos los traumas psicológicos, pero ¿sabés por qué te quedan todos los traumas psicológicos? Porque la gente lo hace ilegal, porque vos tenés que ir y buscando todas las tramoyas para ver cómo hacés. Realmente una pibe de 19 años que no quiere ser madre, ¿está mal? No está mal.

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Son cerca de las 11 de la noche. El McDonald´s que está cerca de la estación del Subte Carlos Pellegrini, en la Avenida 9 de Julio, solo está vendiendo hamburguesas para llevar porque se quedaron sin espacio. Los hombres salen del baño y dicen que hay cubículos libres para tratar de reducir la fila del baño de mujeres, todas con el pañuelo verde. Un grupo de amigos terminaron de comer, pero continúan sentados en la mesa mientras ven la transmisión de la discusión en el Senado en vivo desde sus celulares. Afuera, la lluvia empaña los vidrios del lugar.

—Yo conozco al menos cinco mujeres que han abortado. A los 19 años pasé un susto. Menos mal que fue un susto porque yo prefiero morirme a quedar embarazada —Belén está a punto de terminar su gaseosa.

Toallas sanitarias que demuestran apoyo al Proyecto de Ley del Aborto en Argentina el día de su discusión en el Senado

Entre esas mujeres que conoce Belén que han abortado, está su amiga Alejandra, a quien conoce desde hace 7 años y que esta noche está a su lado comiendo unas papitas fritas.

Alejandra abortó con pastillas orales y “por abajo” cuando tenía un mes y medio de gestación a los 33 años —ya estaba grande, se ríe Belén—, hoy día tiene 38 años. No quería ser madre, tiene otras aspiraciones en su vida, cree que ya hay suficientes personas en el mundo. Tuvo que recorrer varias farmacias para encontrar los medicamentos, sentía que la juzgaban. No conoce a Julieta, pero coincide en que el trauma psicológico lo genera la marginación de la sociedad y las condiciones de insalubridad, no la expulsión en sí.

Ellas participan en la concentración solo para apoyar, pero cuatro horas antes auspician la decisión final: estamos a años luz de una sociedad que se preocupe por los demás; los senadores hablan desde una convicción personal, no pueden hacer eso; nos dimos cuenta que la gente está adoctrinada, juzgan al otro, no hay empatía; las razones del aborto y de la adopción no son las mismas: una mujer aborta porque no quiere gestar, el que adopta es porque quiere brindarle a ese ser humano una vida mejor; ¿cómo van a obligar a una mujer a estar embarazada?; el sistema de adopción en el país no funciona, conocemos a un amigo que intentó a adoptar a un niño durante siete años, pero nunca se concretó nada, al final tuvieron su hijo por fertilización in vitro; esto no se trata de imponer tu manera de vivir; el aborto no va a dejar de existir; la culpa que se pueda sentir es infundada por un tema religioso y eso, de nuevo, se trata de una creencia personal —argumentan—.

Concentración en contra del Proyecto de Ley del Aborto en Argentina el día de su discusión en el Senado

McDonald´s es el refugio que muchos buscan de la lluvia. Afuera, las parrillas que más temprano expulsaban un olor a carne asada que se podía percibir no solo en las Avenidas de Mayo, Rivadavia, Callao —donde estaba la concentración verde— o en la Calle Yrigoyen —donde estaba la concentración celeste—, sino también desde el subterráneo, al colocar el primer pie fuera del vagón en la estación Sáenz Peña, ahora solo arrojan el vapor del agua y son el soporte de unas cuantas carnes y chorizos húmedos y amontonados que no se convirtieron en hamburguesas, choripanes o bondiolas.

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Concentración a favor del Proyecto de Ley del Aborto en Argentina el día de su discusión en el Senado

A la Iglesia Católica

Apostólica, Romana

que se quiere

meter en nuestra cama

le decimos

que se nos da la gana

de ser zurdas, travestis

y lesbianas.

Aborto legal

en el hospital

El canto del grupo verde se escucha en los alrededores de una tarima en la Avenida 9 de Julio donde está instalada una pantalla en la que transmitirán la decisión del Senado, mientras los celestes llegan a la Catedral para efectuar una eucaristía a favor de la vida.

Son las 8:30 de la noche y el único espacio libre es el pasillo central de la Iglesia que divide las dos filas de bancos. Esta noche, más personas recorren el recinto con cajas forradas en papel para la recolección de las ofrendas, muchos extraños se transmiten el saludo de la paz y varios sacerdotes se distribuyen en varios puntos con la hostia para el momento de la comunión.

Misa en la Catedral de Buenos Aires en contra del Proyecto de Ley del Aborto en Argentina el día de su discusión en el Senado

El arzobispo de Buenos Aires Maurio Aurelio Poli oficia la misa y cita al Papa Francisco para argumentar que “los no nacidos tienen derecho a participar y formar parte de una nación”, para reconocer que no se ha ayudado lo suficiente a las madres que ven el aborto como una salida ante la violación o la pobreza y para instar a que se creen espacios solidarios con ayudas concretas.

Claudia, perfectamente peinada en media cola, sentada, con las manos apoyadas sobre sus rodillas, está en la Catedral y seguramente aprovecha el momento para agradecer a Dios que está mejor del tumor que le detectaron en el cerebro —en la hipófisis— a los 25 años. No pudo ser madre. Se concentró en su salud y en una vida más espiritual. De la Catedral, se irá a las calles otra vez para esperar la decisión del Senado hasta que el cuerpo aguante.

Concentración en contra del Proyecto de Ley del Aborto en Argentina el día de su discusión en el Senado

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Son las 12:30 de la noche y todavía garúa (cae una ligera lluvia). Un par de amigos pasan, conversan. Dicen que todavía faltan como dos horas más, que faltan siete senadores por hablar, que quizá se vayan a casa.

Concentración a favor del Proyecto de Ley del Aborto en Argentina el día de su discusión en el Senado

Dos horas. La gente sabe que falta mucho tiempo todavía y siguen allí, en las veredas, sobre trozos de cajas de cartón, arropados con frazadas, cubriendo sus narices y bocas. El titiritar se asoma en las manos de una muchacha que no las puede dirigir para escribir un mensaje de texto en su celular. Unas 35 personas son afortunadas y, en lugar de quedarse en la intemperie, consiguen un refugio en la entrada del hotel La Reina —Avenida de Mayo con 9 de Julio—, un espacio de como 5 metros delimitado por dos paredes, dos puertas de cristal y, en el medio, una pequeña escalera sobre la que están sentados durmiendo unos sobre otros, abrigándose unos a otros o compartiendo medialunas unos con otros.

Concentración a favor del Proyecto de Ley del Aborto en Argentina el día de su discusión en el Senado

Un poco más de dos horas después, el grito unísono “que sea ley” se apaga al escuchar la decisión del Senado: 38 votos a favor, 31 en contra. Argentina, por ahora, no pasó a formar parte de la lista de 60 países que aprueban la interrupción legal del embarazo sin restricciones. Todavía no acompaña a los cinco de estos 60 países que se encuentran en América Latina y el Caribe (Cuba, Uruguay, Guyana, Guyana Francesa y Puerto Rico).

Concentración en contra del Proyecto de Ley del Aborto en Argentina el día de su discusión en el Senado

La diferencia de votos en el rechazo del Proyecto de Ley que busca suspender la pena de uno a cuatro años de prisión a mujeres que abortan fuera de los causales permitidos es mayor a la que pensaba Julieta. Quizá lo tomó con calma y no desató la violencia que ella dice tener, pero que no todo el tiempo demuestra. Ella valora la amistad, cree en la inocencia de los niños, te hace reflexionar sobre si estás feliz con lo que eres y ayuda a los más necesitados en actividades como en las que conoció a Larva.

—¿Estás sola? —me pregunta sentada en el escalón de la entrada de un edificio en Avenida de Mayo, mientras comparte una cerveza Palermo con su amiga, cuando las nubes grises solo era un auspicio de lo que se avecinaba.

—Sí, pero estoy bien, gracias.

—Te iba a decir que si estás sola, no te sientas sola. Aquí estamos nosotras —señala la vereda llena de muchachas con cualquier detalle verde en su vestimenta—. Además, es peligroso.

—Ah ok, gracias por preocuparte, es que estoy escribiendo.

Unos cinco segundos de silencio.

—Perdón, pero ¿qué escribís?

—Soy periodista y estoy escribiendo historias que me encuentro de la concentración.

—Acercate, yo tengo una historia para contarte.

Concentración a favor del Proyecto de Ley del Aborto en Argentina el día de su discusión en el Senado

Fotos propias.

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