Un empate con sabor a derrota

Muchos fanáticos ven el juego de Argentina contra Islandia en el Mundial de Rusia 2018 en la plaza San Martín de Buenos Aires

“Vamos, vamos, Argentina,

vamos, vamos a ganar

que esta banda quilombera

no te deja, no te deja, de alentar”

Es sábado 16 de junio de 2018 y la ciudad de Buenos Aires amanece entre 6 y 7 °C. Eso no es problema para unos 10 apasionados por el fútbol –entre adultos y niños– que no permiten que una chaqueta (campera) oculte la camisa de su selección y la exhiben orgullosos mientras agitan una enorme bandera al ritmo del canto que se entonó por primera vez cuando su equipo levantó su primera Copa del Mundo en 1978.

Ese año, la pelea por el codiciado trofeo fue en casa; el objetivo, este año, es conquistarlo en Rusia, hacer que cruce “el charco” y regrese a su terruño –que no visita desde 1986– donde se concentra –junto con Brasil– el mayor número de hinchas fanáticos del fútbol en América Latinaencuesta “Hábitos y comportamientos de los Latinoamericanos relacionados al fútbol”, de P&G en colaboración con el instituto Ipsos (2014)–.

“No hay debut fácil, no hay debut sencillo”, se le escucha decir al narrador de Directv Sports a través de una pantalla gigante que instaló el gobierno de la ciudad de Buenos Aires en la plaza San Martín, ubicada en Retiro. El primer desafío para Argentina es Islandia, país que nunca ha ganado la Eurocopa y es debutante en el máximo torneo del fútbol, nada comparado con el país suramericano que es veterano en este tipo de competencias al ocupar el cuarto lugar en ganar más veces la Copa del Mundo y el segundo en el torneo de la Copa América.

Muchos fanáticos ven el juego de Argentina contra Islandia en el Mundial de Rusia 2018 en la plaza San Martín de Buenos Aires

Coronados de gloria vivamos,

¡o juremos con gloria morir!

En el estadio Spartak, en Moscú, suena el Himno Nacional de Argentina y tanto los 15 mil fanáticos que viajaron a Rusia como los más de 40 millones de habitantes viven el sentir patriótico, la erizada de piel al estar representados en el torneo deportivo por el que se condicionan el resto de las actividades cotidianas durante un mes y al creer que son alguno de los 11 jugadores que están allí, de pie, sobre la grama –brazos hacia atrás, cabeza en alto–, ante la inmensidad de un estadio, ante la inmensidad de una nación, con la habilidad de paralizar el tiempo aunque después, al mirar un reloj convencional, habrán transcurrido, al menos, 90 minutos.

En la plaza San Martín, en Retiro, más que el silbato del árbitro a las 10:00 am, lo que marca el inicio del partido son los retumbes de tambores, el choque de platillos y el soplido de trompetas de juguetes. Luego silencio. Manos en la frente y en forma de toldo arriba de los ojos para que el sol que resplandece detrás de la Torre Monumental no impida ver el baile de piernas detrás y alrededor de una pelota sobre la que recae la responsabilidad de esperanzas e impotencias, alegrías y tristezas.

En el minuto 18 un “¡Goooooool!” se escucha al unísono de los hinchas argentinos y a los 5 minutos siguientes un “¡putooo!” y “¡la concha de tu madre!” se escapa entre el silencio que generó el empate del contrincante; en el minuto 62 la fanaticada albiceleste celebra la posibilidad de una anotación con un penal y al minuto siguiente otro silencio e improperios después que el arquero de Islandia atrapa la pelota pateada por Lionel Messi: esperanzas e impotencias, alegrías y tristezas.

Un tiro libre es la última jugada de la Argentina, veterana en el fútbol, para desempatar con Islandia en su primer juego mundialista. Manos juntas en forma de petición cerca de la boca; dedos cruzados. Ninguno de los rituales funciona y el partido queda 1 a 1. “No hay debut fácil, no hay debut sencillo”. Un hincha argentino como de 13 años había dicho “ya perdimos” en el minuto 81 aunque el partido estaba ya empatado.

Muchos fanáticos ven el juego de Argentina contra Islandia en el Mundial de Rusia 2018 en la plaza San Martín de Buenos Aires

Tiempo después, en una esquina entre la avenida Santa Fe a la altura de 2400 y la calle Larrea a la altura de 1200, un señor de pie, chaqueta, jean y zapatos lustrosos le explica a otro sentado sobre un trozo de cartón en la calle los resultados del juego.

—Ahora vamos contra Croacia que es más jodido —expulsa la última bocanada de humo antes de aplastar su cigarro y continuar su camino, mientras detrás de él deja una pantalla donde se lee, con luces amarillas punteadas, “Vamos Argentina”.

Fotos propias.

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