Libreros de barrio al Internet (parte I)

Una librería de Buenos Aires tiene un letrero en el que invita a sus clientes a comprar libros durante la cuarentena por la pandemia de la Covid-19

El libro es un acompañante para la soledad muy grande. La frase es de Miguel Ávila, el dueño de la librería más antigua de Argentina, donde se consiguen desde libros editados en 1630 hasta la saga de Harry Potter. En sus casi 50 años como librero, se ha especializado en la venta personalizada, en la charla cara a cara con el cliente, en hacerle preguntas hasta conocerlo para saber qué libro recomendarle, en hablar de la obra, en explicarle, por ejemplo, por qué la tercera edición de la Historia de San Martín, de Bartolomé Mitre, es más importante que la primera.

Son las pequeñas cosas que tiene el librero que en esta situación se complejizan —dice desde su casa en Cañuelas, en la provincia de Buenos Aires, a 57 kilómetros de la Capital donde está ubicada su librería que, ahora, se encuentra cerrada por la cuarentena instaurada en Argentina desde el pasado 20 de marzo por la pandemia de la enfermedad infecciosa Covid-19.

A diferencia de Miguel, Karina Downie habla desde el mostrador de su librería Ritualitos, ubicada en Liniers, uno de los barrios de la Ciudad de Buenos Aires. También está cerrada al público, pero tiene la ventaja de vivir justo al lado del local que, desde hace cinco años, se ha especializado en la venta de libros relacionados con educación sexual integral y literatura que refleje otras realidades. Las dudas acerca de “necesito un libro sobre tal y tal cosa para tal y tal niñe”, ahora, debe aclararlas por redes sociales.

Desde el pasado 11 de abril, las librerías se incluyeron en las actividades exceptuadas de la cuarentena bajo la modalidad de entregas a domicilio sin atención al público, según la Decisión Administrativa 490. Significa que las ventas serían de forma online, pero a diferencia de otras cadenas, esta modalidad representa un porcentaje muy pequeño en las librerías independientes o de barrio que se han especializado en el trabajo territorial o personalizado. Ahora, deben adaptarse a las nuevas plataformas para seguir llegando a sus lectores.

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Es miércoles 15 de abril. Por casualidad, Karina respondió un mensaje directo de Instagram el mismo día que se lo enviaron. Ese día se dio cuenta que tenía otros tantos sin responder.

—Algo de lo que me doy cuenta es que es necesario estar publicando en redes todo el tiempo porque la competencia en redes es muy grande también, es como otro lenguaje. No termino de entender siquiera cómo es la pantalla.

Karina es delgada, con un rostro ovalado que resalta sus pómulos, cabello corto, enrulado, y un poco rapado por encima de su oreja izquierda. Es madre que cría sola a mellizos de 10 años y una niña de 11. En el último mes, ha estado al tanto de las clases online de sus hijos y desinfecta la casa con mayor frecuencia por el nuevo coronavirus.

Además, ha actualizado su catálogo online en la Tienda Nube: sentada en la computadora escribe los datos de los libros que tiene en venta, uno a uno, con sus medidas, el peso y el precio actualizado. En la publicación que tiene fijada en su página de Facebook les aclara a los clientes que, si buscan algún libro y no lo ven en su sitio web, le consulten porque no ha podido cargar todos los títulos.

Hace una pausa, vierte el agua caliente para el mate, toma un sorbo y explica que hay que pagar un monto mensual para vender desde la Tienda Nube; a su vez le cobran una comisión por cada transacción que realiza a través de Mercado Pago, Todo Pago o por tarjetas.

—Estamos hablando de casi un 10%, por lo menos, del precio del libro que se va solo en la gestión de la venta. De verdad es muy muy muy complicado. Las librerías, al menos las de barrio, no tenemos un margen para sostener una estructura de ese tipo.

Karina Downie, dueña de la librería Ritualitos

Entre la carga de uno y otro libro, Karina ha participado en reuniones con otros libreros a través de Zoom. Al principio, no sabían cómo funcionaba. No sabían que la plataforma solo habilita videollamadas grupales hasta 40 minutos. Se les cortaba todo el tiempo. Generaban un nuevo enlace para ingresar de nuevo al encuentro virtual. Entre risas, Karina relata cuánto les costó la reunión, pero que, aun así, estuvo linda e incluso pudieron participar libreros del interior del país.

—El tema de la asociación de libreres es una tarea pendiente de hace muchos años, históricamente, y este momento lo que hace es potenciarnos la necesidad, que necesitamos tener una voz y que esa voz sea una voz válida. La tarea del librero no se visibiliza, pero es de mucho trabajo, ojalá estuviéramos todo el día leyendo, pero no es el caso, es una actividad muy para dentro y muy de barrio a veces. Creo que llegó el momento de poder unirnos, juntarnos, con un objetivo común y de sostener una forma de vida que en este momento está complicada.

Uno de los temas que han debatido en las reuniones es el costo del envío. Karina considera que lo podría asumir el Estado dentro de la federalización del acceso a la cultura. En la publicación que tienen fijada en su página de Facebook les informa a los usuarios que hacen envíos seguros a todo el país a través del Correo Argentino, pero solo a partir de los 2500 pesos el envío es sin cargo.

Alejandro Dujovne, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, y Heber Ostroviesky, investigador de la Universidad Nacional de General Sarmiento, identificaron que 69% de las librerías no forman parte de ningún espacio colectivo o gremial. Encuestaron a 86 librerías entre el 29 de marzo y el 2 de abril y los resultados los publicaron en su informe “El libro argentino frente a la cuarentena” el 8 de abril de este año.

A pesar de eso, 16 librerías cooperativas, artesanales (entre ellas, Ritualitos) y 27 editoriales se han puesto de acuerdo para crear propuestas en esta cuarentena, como Sálvese quien lea: más de 120 títulos con 20% de descuento en el que el usuario puede comprar un mínimo de 3 libros y retirarlo en alguna de las librerías de la red cuando termine la cuarentena.

Son las 19:30. Karina gira el celular y desde su cámara muestra una librería a media luz. Antes de la pandemia, las ventas online de Ritualitos no llegaban ni a un 10%. Ahora, mediante esa modalidad, debe generar los ingresos para pagar el alquiler del local y los servicios.

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Es miércoles 15 de abril. Mientras Karina está en el barrio Liniers sumando los libros a su catálogo online, Miguel está en la Avenida Corrientes, una de las más importantes de la ciudad, donde se concentra, a lo largo de sus más de 8 kilómetros, gran cantidad de teatros, bares, pizzerías y librerías reconocidas. Esta avenida, popularizada como “la calle que nunca duerme” por el periodista argentino Roberto Gil en los años 50, tiene un mes con sus persianas abajo.

—Uno nunca se imaginó que iba a ver eso. Estamos muy angustiados, muy tristes —dice, ahora, hoy, jueves 16 de abril, desde el patio de su casa en Cañuelas, en esta tarde de otoño.

Se enamoró del lugar hace como 30 años cuando fue con un grupo con el que hacía teatro. En esa oportunidad, comieron asado justo al lado de donde él, ahora, tiene su quinta. Es una réplica de una casa colonial de 1863, en un terreno de más de 5 mil metros cuadrados, con laguna incluida y árboles a los que todavía les quedan vestigios violetas de la primavera. Se acostumbró al viaje diario de casi una hora hasta su librería en Capital, dice que no le importa, que le encanta despertarse con el sonido de los pájaros.

En medio del piar de estos animales, Miguel cuenta que tiene a uno de sus siete empleados enfocado en hacer promociones de los libros por las redes sociales, por ejemplo, cupones de compra anticipada que, cuando la librería vuelva a atender al público, tendrán una bonificación de un 10% y, además, la posibilidad de participar en el sorteo del único, el único –Miguel lo repite dos veces mientras levanta el dedo índice– Diccionario Histórico Biográfico Argentino, una obra de ocho tomos que califica de excepcional.

Como presidente de la Cámara de Libreros y Editores Independientes, sabe que esta modalidad no es la de la mayoría de los libreros, incluyéndolo. Es más, conoce a colegas más arraigados que se niegan a trabajar por el sistema online.

—No venimos de momentos de bienestar, de superávit. Hablamos de la pequeña y mediana empresa. Venimos, desde hace muchos años, en una caída permanente y que nos suceda esto en este momento nos encuentra totalmente desarmados para soportarlo.

Con su voz característica de teatro, de narrador, gruesa y firme, solicita que se puedan aprobar líneas de créditos blandos, blandos, blandos –lo enfatiza tres veces– para que las pequeñas empresas puedan seguir en pie a pesar de la caída de las ventas.

—Hay una bajada de línea del gobierno a los bancos para que flexibilicen los préstamos a las pequeñas empresas y reciban esta ayuda, pero tengo la sensación, por comentarios que he recibido de colegas, de que los bancos se han puesto excesivamente exigentes en cuanto a pedir documentación, papelería. Ahí creo que hay estudiar un poco el tema, estoy hablando de un cliente que tiene cuenta en el banco, tiene sus antecedentes, generalmente todas las librerías y empresas tienen cuentas corrientes en los bancos. Ahí entra a funcionar su pasado, quién es, cómo ha respondido, ya ha tenido préstamos, si ha cumplido con esos préstamos, para que el banco haga una elasticidad y diga ‘excepcionalmente y hasta tanto esto se normalice vamos a dar este préstamo, ni bien todo esto se normalice tiene que traer esta documentación’. Ayudar, tengo la sensación de que no se está ayudando. No se está teniendo en cuenta que estamos viviendo un momento excepcional en el mundo —levanta un poco la voz y, al mismo tiempo, su dedo índice— entonces las medidas tienen que ser excepcionales.

Una de las ayudas del Gobierno Nacional para paliar la crisis económica provocada por la pandemia es el Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción, creado el pasado 1 de abril, que incluye, entre otros beneficios, asignación compensatoria al salario o créditos a tasa cero. En la página de la Administración Federal de Ingresos Públicos (Afip) se lee que ya se han inscrito más de 420 mil empresas, casi un 80% de las empresas privadas del país. “Una vez que finalice el nuevo período de inscripción y carga de información económica, se evaluará cuáles son los beneficios estatales a los que podrá acceder cada empresa”, explica el ente en la página web.

Miguel está inscrito. Karina todavía lo está evaluando. No considera que las medidas tengan un impacto directo en las librerías, sino que beneficia a empresas más grandes.

Aunque un 92% de las librerías en Argentina consideran como «buena» y «muy buena» la aplicación general de la cuarentena, un 50% la califica como «mala» y «muy mala» en el sector del libro, evaluaron Dujovne y Ostroviesky en su informe “El libro argentino frente a la cuarentena”.

Miguel Ávila, dueño de la Librería de Ávila

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Karina enciende un cigarro. Detrás de ella se leen algunos títulos: Calibán y la bruja, Bisexualidades feministas, Pollera Pantalón, Les Rares… se trata de la vidriera para adultos. Los tres primeros ya están cargados en la Tienda Nube. El último, Les Rares, no. Necesitaría a una persona encargada solo de esta tarea, pero eso incrementaría los costos.

Mientras ceba el mate y fuma su cigarro, Karina recuerda que la librería es el primer eslabón de toda una cadena: si ellos no tienen la posibilidad de vender, no pueden pagarles a las editoriales o a las distribuidoras, y ellos, a su vez, tampoco pueden cubrir el sueldo de sus trabajadores.

Es miércoles 15 de abril. Son las 20 horas. Es el momento en el que Marcos Gras aprovecha para sacar a su perro y contestar preguntas mediante audios de Whatsapp con cierta tranquilidad: tiene tres hijos y le cuesta concretar una entrevista en su casa. Es el editor de la editorial Santos Locos que, en siete años, ha publicado alrededor de 30 títulos de poesía contemporánea argentina.

Ahora que las librerías están habilitadas a vender de forma online y con entregas a domicilio, van a poder mover su catálogo. Tienen que pagar expensas, alquiler de depósito, sueldos de maquetadores, diseñadores e ilustradores. Es una de las 27 editoriales que forman parte de la iniciativa Sálvese quien lea y también ofrecen la venta de sus libros con descuentos con posterior entrega cuando termine la cuarentena. Han vendido de forma online por Mercado Libre, Mercado Shop e incluso por Instagram, pero tampoco representa un porcentaje significativo en el total de su facturación.

Han aprovechado estos días de cuarentena para seguir con el plan editorial, están adelantando los diseños, maquetación e ilustración de los libros que estaban planificados para la segunda mitad de año. Están pagando con las reservas de la editorial, esperan pronto recuperar la inversión.

Marcos Gras, editor de la editorial Santos Locos

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Ahora, es jueves 23 de abril, Día Internacional del Libro. Marcos no tiene un libro favorito. Dice que alguien a quien le gusta los libros no tiene uno preferido, tiene 20. Menciona poetas que lee con frecuencia, como Antonio Porchia y Juana Bignozzi. Karina recuerda que uno de los libros que marcó su juventud fue Mujercitas y 100 años de Soledad es la novela predilecta de Miguel.

Mientras tanto, transcurre el día 35 de la cuarentena obligatoria en Argentina, los mismos días del otoño que el argentino ha estado en casa, en aislamiento. El libro es un acompañante para la soledad muy grande. Resuena de nuevo la frase de Miguel.

Foto de portada: Milángela Balza

Nota: La foto no es de ninguna de las librerías mencionadas en la crónica.

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2 thoughts on “Libreros de barrio al Internet (parte I)

  1. Excelente reportaje , en especial siendo hoy el día internacional del libro . Felicitaciones! Me encantó, a pesar de las vivencias narradas por lo que está pasando las librerías en esta cuarentena

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