Una Gritería entre milagros, juguetes y nacatamales

Celebración de la Gritería en Chontales, Nicaragua

Una imagen de cerámica de la Inmaculada Concepción de unos 50 centímetros es la guardiana de la casa de la familia Calero Rocha esta noche. Siempre lo es, pero hoy, 7 de diciembre de 2017, está afuera, en el centro de un altar, entre globos azules y blancos –los colores de su manto–, luces de Navidad y flores blancas del árbol Madroño, árbol nacional de Nicaragua.

¡Oh, Virgen de Concepción!

Madre querida de Dios

entre las bellas criaturas

la escogida fuiste Vos

Con cantos como estos, una abuela le agradece a la Virgen haber salvado a su hijo, de 51 años de edad, “del vicio de la bebida”; otra, por curarla de problemas en la rodilla; una joven, por sanarla de una infección, y otro que venía de una familia atea, por guiarlo para ser sacerdote. Los nicaragüenses en general agradecen a la Inmaculada Concepción la protección a su país: después de todo, es su patrona.

***

—¿Quién causa tanta alegría?

—La Concepción de María.

Son las 6:00 pm en la Catedral de Managua cuando el Cardenal Leopoldo Brenes grita el tradicional saludo para dar inicio a la celebración.

Por eso el Cristianismo

con grata melodía

repite de María

su nombre sin cesar

repite de María

su nombre sin cesar

su nombre sin cesar

A partir de allí, las familias nicaragüenses van de casa en casa de otras familias que armaron un altar en honor a la Virgen, como los Calero Rocha. Las primeras cantan a pura garganta o en compañía de alguna guitarra u otro instrumento. Las segundas, a cambio, les entregan una gorra o un brindis.

Juguetes van, juguetes vienen. Esa es la gorra de los Calero Rocha este año. Antes, las manos de Emperatriz Rocha preparaban la mejor auyama (ayote) en miel. Ahora, con 81 años, desde una silla apoyada con su bastón, observa cómo sus hijos lideran la tradición.

Además de la auyama en miel, también se dan como gorra otros dulces típicos nicaragüenses, como el pico, gofio, cacao con leche, chicha; comida autóctona, como los nacatamales, y artesanía del departamento de Masaya, como matracas y chischiles (parecidos a las maracas, pero tejidos). En los últimos años, algunas familias han optado por entregar también juguetes, mochilas, artículos escolares, paquetes de arroz, pasta, frijoles o cualquier cosa que consideren útil.

—Antes, todo era hecho tres días antes. Las abuelas hacían con sus propias manos 500 nacatamales y horneaban los ayotes en miel. El trabajo y el sacrificio era una ofrenda a la Virgen y una muestra de la devoción hacia Ella —recuerda Sonia, quien está sentada en una silla en la acera de su casa, ubicada en el barrio Moseñor Lezcano de Managua, mientras escucha los cantos en el altar de la familia Calero Rocha.

En el departamento de Chontales, en el centro del país, Olga Alemán trabajó para batir la leche recién extraída de la vaca que acompañaría el cacao y que, junto con otros dulces típicos y artesanía tradicional, le entregaría a los que se acercaran a cantar en su finca. Sin embargo, el año que viene, además de mantener las costumbres, quiere dar de gorra algo que realmente les sea útil a las comunidades más humildes, como un paquete de frijol, harina o artículos de primera necesidad.

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—No pidás, no pidás, esperá que te den, esperá que te den.

No importaba si eran juguetes o comida tradicional. Eso era lo que le decía su hermana a Sor Arelis –hace 30 años solo era conocida como Arelis– cuando, de niñas, visitaban los altares del departamento de Chinandega, al oeste de Nicaragua, con la familia.

Es martes 5 de diciembre, dos días antes de La Gritería en Managua, y la monja Sor Arelis limpia el punto de encuentro dentro de La Catedral donde el Cardenal Leopoldo Brenes dará el grito tradicional “¿Quién causa tan alegría?” para iniciar formalmente la celebración.

Mientras cuida que un niño no se resbale por unos escalones en los que hay jabón, cuenta que lo que se ha transmitido de generación en generación es que el grito proviene de unas señoras que estaban arreglando muy alegres un altar, con cantos y bailes. Al ver esto, un sacerdote les preguntó que quién causaba tanta alegría y ellas le respondieron: “La Concepción de María”.

Sor Arelis no detalla fechas ni lugares, pero el Padre Leonel, de la Catedral de Managua, precisa que la iglesia de la escena anterior es San Felipe, en el departamento de León, y se remonta al año 1857. El dogma de la Inmaculada se aprobó tres años antes por el papa Pío IX. La Agencia Católica de Informaciones reseña que se ese día los católicos de todo el mundo encendieron velas y antorchas para celebrar este acontecimiento.

Es por eso que, mientras en Nicaragua le cantan a la Virgen de altar en altar, en Colombia celebran el día de la Inmaculada Concepción encendiendo velas en sus casas o en las calles de sus comunidades desde la noche del 7 de diciembre hasta la madrugada del 8 de diciembre. Se conoce como la Noche de las Velitas. Mientras que, en el caso de Madrid, España, los jóvenes hacen una vigilia desde la madrugada del 7 de diciembre en Catedrales, Basílicas y Santuarios de la ciudad.

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Imagen de la Inmaculada Concepción en la celebración de La Gritería en Nicaragua
Olga Alemán ofreció los cantos a la Virgen para pedir por la salud de su familia

—Virgencita, ¿cómo te los ponemos?

Olga Alemán le pregunta retóricamente a su imagen de la Inmaculada Concepción, también de unos 50 centímetros, cómo y dónde colocar un abanico de papel de seda blanco para que combine con unos cuantos espirales azules que ya colgaban del mantel. No consigue las usuales flores del árbol Madroño, pero unas cuantas de Mano de Tigre también resaltan sobre la mesa de madera.

Así como el homenaje a la Virgen es distinto en varios países, la celebración también varía entre los departamentos de Nicaragua. Por ejemplo, Olga reúne a los de la comarca Muluco, en el municipio San Pedro de Chontales, desde hace 7 años –después de curarse de una fuerte infección– porque notó que, a diferencia de las ciudades y los pueblos, las comarcas están ajenas a estas costumbres. En este caso, las familias de la comarca no van de altar en altar, sino que todos se reúnen en la finca de ella.

En el pueblo de San Pedro tampoco practican lo mismo que en Managua. Allí no le cantan a la Virgen de altar en altar, sino que, el 7 de diciembre, representantes de las 12 zonas en las que está dividido el pueblo sacan una imagen de la Inmaculada Concepción y todos van en procesión hasta una de las iglesias. Después de la liturgia, las 12 figuras de cerámica regresan a su respectiva zona.

Otra diferencia de la tradición, con respecto a Managua, es que en el departamento de Granada no dan gorra después de los cantos y se lucen más con los altares.

La fiesta se ha vuelto tan estrechamente vinculada con las familias que incluso entre ellas mismas escogen la fecha que mejor les convenga para la celebración de la Virgen. Por ejemplo, Olga la festejó el 9 de diciembre, mientras que Maryenis —una joven de 20 años que vive en el pueblo La Libertad también de Chontales— espera con ansias el 18 de diciembre para su encuentro familiar con la Virgen.

Para finalizar la celebración, los 8 de diciembre, día oficial del dogma de la Inmaculada Concepción, se acostumbra realizar las Primeras Comuniones. Por ejemplo, este año, 63 niños y niñas recibieron por primera vez el cuerpo de Cristo en la Catedral de Managua.

* * *

—Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven, Señor Jesús.

Es la misa en la Catedral, de las 8:00 am, del miércoles 6 de diciembre, un día antes de La Gritería. Después de recibir a Jesús en la hostia, los fieles creyentes se levantan del reclinario y rodean el altar: quieren estar en primera fila cuando el Padre Leonel Alfaro saque el hisopo de metal y los bañe de agua bendita al momento de la bendición.

Leonel tiene 26 años y viene de una familia que se declaraba atea. De niño, recuerda que su vecinito con quien siempre jugaba, en el departamento de Masaya, salía muy temprano todos los domingos. Eso a él le dio curiosidad y lo empezó a seguir. Descubrió que iba a catecismo de Primera Comunión, así que él también comenzó su preparación, mientras su mamá pensaba que él estaba jugando. ¡Ni quiera Dios que se llegara enterar!

Poco a poco fue un asiduo visitante en la Casa de Dios, sin el apoyo de su mamá y con la posición neutra de sus otros tres hermanos que, la verdad, no mostraban mayor interés en el tema.

Y vino Jehová, y se puso delante de él y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, que tu siervo escucha.

Cuando un sacerdote de la iglesia de su comunidad predicaba este primer libro de Samuel, capítulo 3, versículo 10, Leonel sentía que, en lugar de Samuel, el Padre mencionaba su nombre. Así, sin saber mucho del tema, decidió ser sacerdote. Acto seguido, su mamá le lanzó sus cosas a la calle, él las recogió —literalmente de la calle, enfatiza— y se fue al seminario.

Entre 2006 y 2015 estuvo en dos seminarios, uno que se llamaba Nuestra Señora de la Asunción y otro, La Purísima, así que siente que la Virgen nunca lo abandonó.

Después de la misa de este 6 de diciembre, el ahora Padre Leonel se quita la casulla blanca y se queda con su habitual traje eclesiástico negro para las actividades fuera de los cultos religiosos.

Cuenta que, para él, más allá de la gorra o el brindis, la celebración de la Inmaculada Concepción, en el marco del adviento —primer tiempo del año litúrgico— representa ver a María, como madre, tomándonos de la mano y preparándonos para la venida de Jesús en Navidad.

Después de 11 años, desde aquel día que su madre le lanzó sus pertenencias a la calle y de declararse atea, ahora, ella va a misa todos los jueves y domingos, y forma parte de un grupo dentro la Iglesia que ora por los sacerdotes.

—¿Cómo voy a negar la presencia de Dios en mi vida? Estoy obligado a dar el testimonio.

Mañana, Leonel volverá a vestir su casulla blanca y acompañará al Cardenal Leopoldo Brenes para gritar, desde la Catedral de Managua, a las 6:00 pm, “¿quién causa tanta alegría?”, a lo que los nicaragüenses responderán “¡la Concepción de María!”.

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