La autora

Milángela Balza foto de Rafael Briceño

Me encanta escribir, pero de niña amaba andar con un micrófono de juguete mientras simulaba conducir programas de televisión: el espejo de mi peinadora era mi cámara y mi cuarto, el estudio de grabación. También me gustaba pintar, hacer manualidades e incluso estaba en clases de canto, pero nada de andar con un lápiz o un papel.

Sin embargo, algo pasó porque cuando comencé a estudiar Comunicación Social en la Universidad Central de Venezuela lo que amaba era el periodismo impreso, el de texto plano, el del periódico que deja sus huellas en las yemas de sus lectores. Una profesora en particular nos hablaba del periodismo narrativo, literatura de no ficción, relatos que parecen novelas, pero son reales porque ante todo se trata de periodismo; nos mostraba crónicas de autores como Alberto Salcedo Ramos, Leila Guerriero, Juan Villoro, entre tantos otros; nuestras aulas de clase eran como salas de redacción donde ella era la editora, así que sin haber pisado una auténtica sala de redacción, supe que ese sería mi lugar: me olvidé de aquel micrófono de juguete y me enamoré de la construcción de historias detrás de cámaras.

Mi sueño de estar en un periódico se cumplió en Últimas Noticias, uno de los más reconocidos de Venezuela, donde estuve como reportera de acontecimientos diarios y redactora en una sección que específicamente atendía las necesidades de la comunidad.

La pasión por el periódico me duró hasta que le agarré el gusto a la presión de tomar una declaración en vivo y publicar la nota al momento; hasta que noté lo nutrido que quedaban mis reportajes y crónicas con videos, audios, galerías fotográficas y tuits; hasta que comprobé que la interacción directa con la audiencia es valiosa para la agenda informativa. Todo lo aprendí en el medio digital Contrapunto, en Caracas.

Si de niña no me la pasaba escribiendo, en la universidad soñaba con redactar en el periódico y en el ejercicio laboral me enamoré de las herramientas multimedia, ahora, en los últimos dos años, me he dejado llevar por el marketing digital. Pareciera que el periodismo narrativo y el marketing digital no tienen mucho en común, pero la verdad es que ambas ramas de la comunicación buscan construir historias que informen y conecten con otros. 

​En los últimos dos años, la sala de redacción en la que siempre quise estar ha estado ocupada solamente por mí, porque a pesar de no haber trabajado en ningún medio, no he dejado de buscar temas con interés público y significación social. Mi blog, aquel que comencé con una o dos historias de verdad de Venezuela en 2016, se ha convertido en mi medio digital para mantener latente mi pasión fuera de casa, mientras estuve en Nicaragua y, ahora, que estoy en Argentina. Me costó, pero comprendí que podía seguir ejerciendo el periodismo sin necesidad de estar en una relación laboral de dependencia y que podía construir mi propia agenda informativa según mis intereses y a lo que ustedes les gustaría leer. Por ahora, algunos de mis textos también los pueden encontrar en la revista venezolana Historias que laten y en los medios argentinos Escritura Crónica y Espacio Angular

Antes de escritora, soy periodista. Me encantan las novelas de Agatha Christie. No me gustaba el café hasta que llegué a Argentina en pleno invierno. Mi “TOC” es el cumplimiento de las reglas. Coincido con Joey (personaje de la serie Friends) en que “la comida no se comparte” y siempre que alguien esté hablando con un volumen que sobrepase el ruido de la ciudad, allí estaré yo para escribir esa historia.

(Foto de portada: Rafael Briceño / @rafaelbriceno)

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