El chofer del 152

colectivo 152 de la ciudad de Buenos Aires

Es un viernes de septiembre. Mi hermana y yo salimos del súpermercado. Llueve en la ciudad de Buenos Aires. No un torrencial aguacero, pero sí esa lluvia ligera que igualmente logra esponjarte el cabello. Esperábamos el autobús de la ruta 152 en la Avenida Santa Fe para ir a casa.

—Hasta Suipacha, por favor —le decimos al chofer con un tono serio, normal.

—¡A la orden! Un viaje hasta Suipacha, saliendo —nos responde él con una amplia sonrisa mientras marca los 20 pesos del pasaje en la máquina.

Mi hermana y yo le devolvemos la sonrisa. No todos los días un chofer de un autobús te contagia una 🙂.

Los casi 30 puestos del autobús están ocupados. Los que estamos de pie, chocamos cuerpo con cuerpo. A veces me tengo que poner de puntillas e inclinar por delante de uno de los que están sentados para que otro valiente pase por detrás de mí y camine más hacia el centro del autobús, hacia la multitud. Mi hermana y yo estamos cerca del conductor con el carrito y las bolsas de mercado.

—Dicen que el 152 es el más usado y no mienten —comenta el chofer mientras da un vistazo por el retrovisor 👀.

Uno de los pasajeros nota que su acento no es porteño (de la ciudad de Buenos Aires), y él aclara que viene de la provincia de Formosa, al norte de Argentina. Es calvo, pero todavía algunos brotes de cabello canoso sobresalen por encima de sus orejas.

🚌 Azcuénaga. Uriburu. Ayacucho. Riobamba. El chofer tararea alguna canción mientras dice en voz alta el nombre de las calles que se cruzan con la Avenida Santa Fe por si los pasajeros no logran ver el camino con los vidrios empañados por la lluvia.

En una de las paradas se monta una señora.

—¿Hacia dónde se dirige? —el tono alegre del conductor le da la bienvenida a una nueva pasajera.

Yo no escucho el destino de la señora, pero sí que tiene saldo negativo en su tarjeta Sube, la tarjeta en Argentina para usar el transporte público.

—¿Como que tengo saldo negativo? —se asusta la señora.

—Tranquila. Apoye la tarjeta para ver cuánto saldo negativo tiene. Tiene -55, señora —la tarjeta solo admite tener -52 pesos.

—¿Me debo bajar entonces? ¿Debo tomar un taxi? ¿Cuánto me cuesta un taxi?

Tranquila, señora, pase adelante. Yo la llevaré a su destino —el tono amable del formoseño se impone.

🚌 Rodríguez Peña. Montevideo. Paraná. Uruguay. El chofer sigue nombrando en voz alta el nombre de las calles y se escucha un “con mucho gusto, caballero. Adelante” para darle la bienvenida a un nuevo pasajero. Ahora, una muchacha se monta en el 152.

—Voy a un centro cultural que es muy grande.. me queda por Alem.

—¿Sabés el nombre de la otra calle?

—No —la joven coloca cara de preocupada—, déjeme buscar en Google Maps —se apresura a buscar su celular en la cartera.

—Es Alem y Corrientes, tranquila, yo te aviso tu parada, confía en mí —el chofer le trasmite una sonrisa apaciguadora y ella, en efecto, no dice más nada y confía en él.

🚌 La siguiente parada es Avenida Santa Fe con Suipacha. Es nuestra parada. Normalmente no se puede bajar por la puerta de entrada, pero mi hermana y yo nos mantuvimos cerca del conductor para no caminar hacia el centro del autobús con el carrito y las bolsas del mercado.

—¿Nos podemos bajar por esta puerta?

—Claro, adelante. Denle paso a las chicas, por favor.

Mi hermana y yo tomamos nuestras cosas y mientras bajamos le agradecemos al chofer por el viaje tan placentero.

—¡Hasta un próximo viaje! —nos respondió, y con el toque de la bocina en señal de despedida siguió su recorrido 🚌

Foto: Milángela Balza

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