Una ronda generacional de mate

mates argentinos sobre una bandeja

Camila tiene 20 años y aprendió a preparar mate por tutoriales de YouTube para compartir con sus amigos. En su casa, en la ciudad de Buenos Aires, no recuerda que su familia tomara tanto mate. O quizá sí lo hacía, no sabe. Cuenta que cuando era más chica, se despertaba más tarde que sus papás y tal vez desayunaban sin ella; piensa que probablemente tomaban mate en el desayuno y ella nunca se dio cuenta; vuelve a hacer memoria y cree que quizá sí hubo días en los que los veía tomar esta bebida caliente, pero, de todas maneras, no se tentaba a probarla.

Muy distintos son los recuerdos que tiene Mónica, de 56 años, quien siempre estaba en la cocina de su casa en Bahía Blanca, en la provincia de Buenos Aires, mientras su papá preparaba esta infusión tan popular en la región del Cono Sur. Ella y sus tres hermanos desayunaban, almorzaban, merendaban y cenaban con sus padres en la misma mesa y simplemente llegó el día en el que la empezaron a incluir en la ronda del mate.

Ya sea que las costumbres se transmitan por un tutorial del Youtube o por la misma familia, el mate ha estado presente desde antes de la llegada de los españoles a América y su esencia siempre ha sido compartir con el otro. Hoy, 30 de noviembre, celebran su día en Argentina en honor al nacimiento de Andrés Guacurarí y Artigas, indígena guaraní y gobernador de la provincia Grande de las Misiones entre 1815 y 1819 quien fomentó la producción y comercialización de la yerba mate.

mate argentino

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Es sábado 16 de diciembre y en el Instituto María Auxiliadora, en el barrio de Almagro de la ciudad de Buenos Aires, hacen un compartir familiar. Esta reunión forma parte de las otras tantas actividades recreativas que realizan cada sábado desde la escuadra n° 3 Don Bosco de las Exploradoras Argentinas de María Auxiliadora, donde Camila es animadora: ayuda a niñas a cuidar su autoestima, las orienta en su vocación de vida, a resolver problemas, inquietudes, inseguridades, a crear sus propios valores, entre otros servicios voluntarios.

Camila —morena, cabello largo negro y ojos oscuros, sin señal de alguna ascendencia europea— es animadora desde hace tres años, pero en realidad lleva 12 años como exploradora. Cuando tenía como 13 años, una animadora que siempre andaba con el mate y el termo de agua caliente fue quien le enseñó a tomarlo, a ella y al resto de las niñas que también participaban en las formaciones de las exploradoras: les dijo que el mate (la taza en sí) de madera o calabaza conserva más el calor; que el agua no debe hervir porque se quema la yerba y pierde el sabor; que ella —la animadora— cebaba el mate (agregaba el agua caliente a la yerba), se lo pasaba a una de las niñas, esa niña tomaba toda el agua y después se lo volvía a pasar a ella para cebar otro mate y continuar la ronda.

Hoy día, Camila tiene casi la misma edad de aquella animadora que le enseñó los principios básicos, pero no es como era ella que no podía salir de su casa sin el termo de agua caliente y el mate. Si hay una ronda, participa, pero en realidad tuvo que aprender a cebarlo porque a veces no estaban las “cebadoras oficiales” en las reuniones de exploradoras. YouTube, sus amigas cebadoras y aquella animadora han sido sus maestros. Una de las cebadoras es su amiga Catalina, también de 20 años.

amigas tomando mate argentino

Catalina ve fotos de cuando era bebé y ya aparece posando junto a un mate. La bebida siempre ha estado presente en su familia porque su papá es de la provincia Entre Ríos, una de las provincias del Litoral Argentino, al noreste del país, y conocida como “la capital del mate”. Quizá el motivo es que en esta región del litoral se ubicaban los guaraníes, pueblos indígenas quienes, desde antes de la llegada de Cristóbal Colón a América, ya utilizaban las hojas del yerba mate (que es un árbol) como bebida, objeto de culto y moneda de cambio con otros pueblos. En el sitio web de Yerba Mate Argentina se lee que, durante las travesías por la selva, los conquistadores notaron que los guaraníes tenían mayor resistencia al tomar el mate, entonces aprendieron sus virtudes y promovieron su consumo.

La joven también está este sábado en el compartir familiar en el Instituto María Auxiliadora. Luce una gorra con la visera hacia atrás, pantalones hasta las rodillas y un par de Converse. Está tramitando su ingreso a la Universidad Nacional de las Artes. Mientras ayuda a algunas niñas a recolectar firmas, medias y pulseras para los juegos, dice que siempre vio el proceso que aplicaba su papá para preparar el mate: no se trata de simplemente colocar la yerba, sino que la dispone de forma inclinada, vierte el agua en la parte más baja, queda una parte húmeda, otra seca, mantiene el sabor, coloca la bombilla y sigue sirviendo el agua sin hervir.

Ella sigue el mismo procedimiento que su papá, pero le agrega otro tipo de hierbas, como burrito, menta, manzanilla, poleo, boldo, cedrón. En una misma bolsa tiene la yerba mate y las hierbas naturales, y con su mezcla se ha ganado el reconocimiento de “el mate de Cata” en los lugares que visita.

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Marisol llega a casa de su trabajo y en la entrada, sobre la mesa del comedor, reposan un termo y la taza del mate. Está allí, al alcance de la mano. A media mañana y en la tarde tomó mate en el trabajo. Ahora, le toca su porción de la noche. Es miércoles 20 de noviembre y son las 7 de la noche. La ciudad de Buenos Aires está en plena ola de calor durante la primavera, con temperaturas por encima de 25 grados y mucha humedad, pero Marisol no deja el mate.

La infusión la lleva en su sangre porque tiene familia lejana proveniente de los indígenas guaraníes. Pero estas raíces no son de Argentina, sino de Paraguay, donde también se estableció esta población, además de Brasil, Bolivia y Uruguay. Quizá, por eso, es común que en estos países también se consuma esta bebida ancestral.

mujer tomando mate argentino

Sin embargo, la mayoría de los paraguayos no toman mate, sino tereré, que se hace con la misma yerba, pero no con agua caliente, sino con agua fría. Al nacer en Paraguay, ser de padres paraguayos y vivir parte de su niñez en ese país con temperaturas por encima de los 20 °C, Mónica recuerda que el tereré era la bebida que reunía a su familia. El mate llegó en su adolescencia cuando faltaba algún profesor en su secundario, en la provincia de Buenos Aires.

A sus 40 años todavía conserva una amiga de esa época, y fue con ella con quien, a sus 15 o 16 años, aprendió el ritual de la preparación en agua caliente de esta yerba que se demora cinco años en convertirse en cosecha productiva después de sembrar el árbol.

Su primera taza de mate se la regaló su mamá cuando a sus 24 años decidió independizarse y vivir sola en un departamento. Mantiene la imagen de la taza de cerámica, era de color blanco, con un manguito y un arcoíris. Así como el mate estuvo al principio de su adolescencia, también estuvo en el comienzo de su vida adulta: ha sido como su rito de iniciación.  

Por casualidad, un mate fue lo que también le regaló su mamá a Mónica cuando se fue a vivir sola a sus 27 años. Todavía conserva la taza de color rojo —el color ideal para ella, dice— que también venía con un porta yerba y la pava tradicional. La pava es la jarra en la que se calienta el agua. Hay pavas eléctricas que vienen con la medida de tiempo en la que el agua automáticamente llega a su punto antes de hervir. Y hay pavas tradicionales, generalmente de aluminio, que requiere que estés allí, de pie, atento, antes de que comiencen a salir las burbujitas del agua para apagar la llama de la cocina en ese preciso instante. Mónica recuerda a su papá, de pie, atento, en su casa en Bahía Blanca.

—Es de una época que no había tanto apuro, podías esperar, tomábamos mate todos, y después nos íbamos. Tampoco es tanto, son menos de 10 minutos, pero está la idea de que no podés esperar, que no podés quedarte al lado de la cocina —piensa Mónica en voz alta.

pava tradicional para cebar mate argentino

El punto clave de la pava tradicional está en su pico: si es pequeño y angosto, es la que sirve para cebar el mate porque ayuda a agregar el agua de una forma controlada; si el pico de la pava es más grande, solo funciona para calentar el agua, no para cebar.

Ella, en su casa en la provincia de Neuquén, al sur de Argentina, usa una pava tradicional en las mañanas porque con esa ceba el mate en los alrededores de la cocina, mientras lee las noticias o escucha la radio en el celular, y aplica lo que aprendió de su papá: ir mojando la yerba a medida que el agua se calienta para que, cuando llegue a su punto, la yerba tenga la misma temperatura. Esto lo cuenta ahora en la ciudad de Buenos Aires donde vino a visitar a su hija. Es la tarde del viernes 22 de noviembre, el último día de la ola de calor en plena primavera.

mujer cebando mate argentino con pava tradicional

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“Los días domingos y los demás festivos, luego de asistir a la obligatoria misa y al rezo del Santo Rosario, los guaraníes podían disponer de algún tiempo para su esparcimiento: hacían malabares con sus caballos en la plaza, otros salían al campo a cazar, se realizaban campeonatos de destreza en el tiro con el arco y las flechas. No faltaban el mate compartido, la música, el canto y la danza, especialmente entre los niños y jóvenes”. El sitio web de la Yerba Mate Argentina destaca que la tradición de compartir un mate ha existido desde siempre.

En Argentina, el mate está presente en 90% de los hogares y sus 41 millones de habitantes consumen en promedio 6,4 kilogramos por habitante por año, según el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM). Al final, no importa si se toma dulce, amargo, con hierbas, tradicional, si se aprendió a cebarlo por un tutorial en Youtube o por herencia familiar.

El mate es el que siempre está en medio de una charla, ya sea divertida o en son de confidencia. Es el despertador de la mañana, la merienda de la tarde, la despedida en la noche y hasta el energizante en la madrugada. Es el mejor amigo, la mejor compañía tanto para rendir parciales como para bajar la tensión en reuniones de trabajo. No se consume porque sea 90% más antioxidante que el té verde, sino porque es tradición. Según un estudio de mercado encargado por el INYM, la yerba mate es lo que más identifica a los argentinos, por encima del asado, el dulce de leche y el vino.

—Es parte del paisaje, parte de la vida, es como uno más de la familia, expresa Marisol con una sonrisa mientras se prepara para cebar otro mate.

Fotos propias.

3 thoughts on “Una ronda generacional de mate

  1. No conozco nada de esa bebida «mate», pero con ésto, me motivo a probarla por primera vez, y tal vez, a arriesgarme a prepararla, aunque veo que es todo un ritual. Comparándolo con nuestro exquisito café ( Venezuela ), hay un cierto parecido en cuando al «titual» para su preparación, pero no para su consumo, que en el caso del café, es limitante el tiempo para su consumo. Me encantó la historia! ! Felicitaciones! !

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