“El consumo de drogas no es un crimen, es una enfermedad”

El caminar de Juan José Quiroz no es constante. El cojeo de su rodilla izquierda no se debe a sus 53 años de edad, sino al bicarbonato de sodio con que consumía cocaína: la mezcla, al final, terminó debilitando sus huesos.

Sus primeras “patadas” de marihuana las fumó a los 22 años. Recuerda que, en aquel entonces, la pareja de su amigo “Güirmar” era Miss Nueva Esparta; tampoco se olvida del dinero, las armas y los “carrotes”. Él quería todo eso, quería ser alguien “importante”.

De la marihuana pasó a la cocaína inhalada, después al crack y la heroína. “Sientes euforia, importancia, un alejamiento de la realidad… Cuando tienes tu autoestima muy baja, cuando tienes problemas, lo quieres ocultar”, dice quien permaneció 30 años en ese mundo.

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El pasado jueves 22 de octubre (2015) se filtró un documento de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, de aparente consenso entre especialistas y autoridades, que sugiere dejar de ver como un crimen el uso y la posesión de drogas para consumo personal.

Un vocero de esa dependencia de la ONU aclaró que el documento “no es ni formal ni final”, pero ya numerosos países del mundo, como Holanda, Uruguay, Argentina, Brasil, Chile y Portugal, más algunos estados de Estados Unidos -con respaldo explícito del Presidente de ese país- han dado algunos primeros pasos en torno a este tema.

Incluso en Venezuela hay una especie de perdón, no escrito explícitamente en la Ley Orgánica de Drogas, para aquellas personas que no están implicadas en otra actividad ilícitas que su propio consumo de tales sustancias.

Sin embargo, los especialistas difieren en sus opiniones, y algunos objetan la posible descriminalización porque consideran que se está generando sin las condiciones necesarias, lo que podría llevar a un incremento del consumo.

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El alcohol fue el primer enganche de “Juancho”. Empezó a tomar a los 12 años, por imitación. Creció con el patrón que le enseñó su papá: los hombres son de la calle y deben tomar licor.

A pesar de su corta edad, una noche encaró a sus padres y les dijo: “Tengo un problema”. Pero su papá se levantó del sofá de la sala y le respondió: “Eso es mentira, tú lo que haces es beber aguardiente”.

También lo recuerda como autoritario. Cada 24 de diciembre, en el cumpleaños de Juan José, su papá salía de la habitación y le apagaba la música a las 12 de noche. Entonces, él se iba con sus amigos, su licor y su torta a continuar el festejo en otro lado. No se sabía nada de él hasta después de tres días.

Su mamá lo mantuvo durante 30 años. Siempre lo vio como una víctima del alcohol y las drogas, pero no le facilitó las herramientas para salir de allí. No la culpa, no conocía el problema.

Al estar inmerso en ese mundo, puede decir con propiedad que el consumo de droga no es crimen, sino una enfermedad, generada principalmente por autoestima baja, falta de valores en el hogar y familias disfuncionales. Aunque sus padres estaban juntos, Juan José no recuerda un acercamiento sincero con su papá. “Él murió sin aceptar que yo consumía drogas”, dice.

La tesis también la defiende Hernán Matute, profesor de la Cátedra Libre Antidrogas del Instituto Pedagógico de Caracas (IPC), quien compara al consumidor de droga con quien sufre cáncer o cualquier otra patología que requiera asistencia médica.

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Matute añade que la criminalización del consumo personal de droga promueve la estigmatización: “Algunos tienen 10 o 15 años que no consumen, pero para la sociedad siguen siendo consumidores, nadie les da trabajo. Estas personas son inseguras, y entonces, si la sociedad le da la espalda, no ven los beneficios de salir de ese mundo”.

Quiroz tiene ocho años sin consumir drogas ni beber licor. Ahora va a los restaurantes y pide frapé con limón y granadina. Aprendió a decir que no. Sin embargo, cree que la estigmatización y el cuestionamiento continúan.

Si se pierde algo, siempre van a ver al adicto, porque ese es el hábito que se creó sobre el adicto, que uno mismo creó, cosa que no me lo tomo personalmente, tengo criterio propio, sé quién soy —habla quien ahora lee el ensayo de Miguel Ruiz acerca de los cuatro acuerdos: sé impecable con la palabra, no supongas, da siempre lo mejor de ti y no te tomes nada personal.

El documento que se filtró de las Naciones Unidas también establece que se debería descriminalizar el consumo personal de la droga por la exclusión social que genera.

Los dos últimos años de su enfermedad, Quiroz los pasó en la calle. Él tenía 43 años cuando, finalmente, su mamá le puso “los puntos sobre las íes”: le dijo que no podía seguir llegando drogado a su casa, así que decidió irse.

Algunas veces dormía en su oficina: un carro, porque trabajaba como conductor escolta; otras veces, en las salas de consumo. No pasaba las noches debajo de un puente, pero igual se consideraba indigente.

La indigencia no va por el hecho de que duermas en la calle, se da porque veas a los lados y no tengas más que el artefacto con el que consumes droga o el dinero para comprarla; estás dos o tres días sin bañarte…. Indigente es una persona que ya comienza su desaseo personal, ya no tiene cómo manejar la droga. Cuando te dicen “yo la controlo”, eso es mentira, la droga no se controla…

Otros argumentos que maneja el documento de la ONU es la barrera en el acceso a servicios de salud, como tratamientos con metadona -sustituto de la heroína- para recuperar a los drogadictos, así como el hacinamiento en las cárceles.

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Diciembre siempre contagia con su ambiente navideño. Las gaitas, adornos y reuniones crean una atmósfera de alegría. Pero Juan José estaba en un mundo paralelo: desde el 6 de diciembre de 2006 consumió crack todos los días, sin descansar, hasta que el 29 de diciembre de ese mismo año terminó en un centro de salud por sobredosis.

—Quería que el mundo se acabara. Yo lo perdí todo, con letras mayúsculas —susurra, pero levanta las manos, abre muy bien los ojos y la boca en forma de “o” —. No tenía ni dónde dormir, porque en los 30 años que estuve en consumo, con todo el dinero que gané, nunca compré una cama. Dormía en una colchoneta, en la casa de mi mamá.

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Raúl Chirolde, coordinador de Prevención de la Fundación José Félix Ribas, afirma que Venezuela “está en pañales” en el área de prevención. “Debemos trabajar mucho con la familia venezolana, en la formación de valores, en la creación de hábitos saludables”, recomienda.

“Hay que darle tratamiento al consumidor. Si lo perdonas y no le dices cómo salir del consumo, no haces nada. Ese es el gran talón de Aquiles de todos los países: prestarle más atención a la parte represiva que a la preventiva”, indica, por su parte, la comisionada de la Alcaldía Metropolitana de Caracas para el área de droga, Mary Mogollón.

Si la prevención estuviera fortalecida en el país, Quiroz no hubiese empezado a vender drogas a los 16 años de edad, incluso antes de fumarse sus primeras “patadas” de marihuana.

Rosa Negrín, profesora de Postgrado en el área de drogas de la Universidad Santa María, afirma que los consumidores se inician en ese mundo como recreación o curiosidad, pero, a medida que pasa el tiempo, el sistema nervioso central les va exigiendo mayores dosis porque ya no les generan el mismo efecto. “Esa persona se puede convertir en un parásito para el Estado, porque no van a trabajar”, asegura.

Juan José era conductor escolta y, al estar en ese universo semi clandestino, pudo salir de la cárcel las dos veces que lo detuvieron momentáneamente por tráfico.

—Siempre alternaba mi trabajo con la venta y el consumo de droga. Por eso me manejé tan bien en ese mundo, manejaba dinero, tenía credenciales, tenía autoridad, tenía poder…

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Mogollón, quien también es trabajadora social, considera que la descriminalización se está generando en el país de forma caótica, sin las condiciones para que eso no conlleve un consumo excesivo de esas sustancias.

“El consumo de drogas no ha bajado, se ha incrementado”, asegura Chirolde, quien atribuye la ubicación geográfica de Venezuela y otras adicciones (trabajo, comida, celulares) como las principales causas.

De acuerdo con Informe Mundial sobre las Drogas que publica la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, en el año 2011 Venezuela mostró una prevalencia del consumo de cocaína del 0,7% entre la población adulta, lo que supone un ligero incremento con respecto al año 2010, cuando se ubicó en 0,6%. Mientras tanto, el consumo de marihuana aumentó entre 2010 y 2011, de 0,9% a 1,7%.

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La descriminalización no se lee explícitamente en la Ley Orgánica, pero Mogollón y Chirolde concuerdan en que, al analizar cuantitativamente la aplicación de esa legislación, hay bastante amplitud y no remiten a la cárcel a quien atrapen con su porción personal.

El marco legal señala como dosis personal 2 gramos de cocaína, 20 gramos de marihuana y 1 gramo de derivado de amapola, de acuerdo con el artículo 153. Si las autoridades consiguen a las personas con estas dosis, serán remitidos a un centro de rehabilitación, reza el artículo 131. Mientras que el artículo 149 establece que un individuo puede ir de 8 a 12 años a prisión si posee entre 20 y 500 gramos de marihuana; entre 2 y 50 gramos de cocaína; y entre 1 y 10 gramos de derivados de amapola.

Mogollón justifica esta holgura en los gramos por las fallas en el sistema: las cárceles están llenas y no existen suficientes centros de rehabilitación. La Fundación José Félix Ribas es la más representativa, con 25 centros en 13 estados del país, y las privadas son muy costosas.

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De hecho, Juan José Quiroz empezó su tratamiento en 2007 en el Centro Especializado de Prevención y Atención Integral (Cepai) Dra. Rosa del Olmo, institución perteneciente a la Fundación José Félix Ribas.

“El que está en las drogas no tiene horario ni fecha en el calendario”, dice y, por eso, las dos primeras semanas de la desintoxicación comprenden un proceso de adaptación.

Tenía ocho meses de tratamiento cuando lo suspendieron. Pertenecía a la categoría de “seguimiento”, es decir, había alcanzado un gran crecimiento personal, pero una situación mal manejada en su casa originó que lo pusieran en cuarentena: un monitor se convirtió en su sombra hasta para ir al baño y no podía hablar con nadie.

A pesar de eso, continuó llegando a las 7:30 de la mañana a la urbanización Buena Vista de Petare, media hora antes de cuando iniciaba su tratamiento multidisciplinario con un psicólogo, una educadora, con terapias ocupacionales, terapias individuales, asambleas emocionales, asambleas operativas. Después pasó dos años en seguimiento y control.

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La descriminalización del consumo personal de drogas implicaría, aun indirectamente, un juicio a la estrategia que ha implementado Estados Unidos desde la década del 70 cuando inició la guerra contra las drogas, durante el gobierno de Richard Nixon.

Hay países donde ha funcionado la descriminalización. Por ejemplo, en Portugal, el número de adictos considerados problemáticos ha bajado a la mitad desde los 90, cuando se estimaba que había alrededor de 100 mil, según declaró Joao Goulao, presidente del Instituto de Drogas y Drogadicción en el año 2011 cuando se cumplieron 10 años de la descriminalización en este país.

Sin embargo, en el caso de Uruguay, un informe del Observatorio Nacional de Drogas, citado en el diario El Tiempo, registró que un 17% de jóvenes entre los 13 y los 17 años declaró haber consumido marihuana entre 2013 y 2014, lo que representa un aumento de 5% con respecto al año 2011, cuando la cifra se ubicaba en 12%.

Como dice la profesora de la Universidad Santa María, habría que ver qué metodología usaron estos países, para ver si se puede aplicar en Venezuela.

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“Juancho” repitió dos veces el primer año de bachillerato. Se cansó de intentar y prefirió aquel mundo de adicciones y problemas.

A los 20 años, le dijo a su pareja que abortara al único bebé que gestó en su vida.

A los 46 años, mientras estaba en rehabilitación, retomó la educación secundaria y en enero del próximo año iniciará su formación superior con la carrera de Psicología: quiere aprender sobre análisis de la conducta.

Ahora, ofrece talleres, es promotor social de la Fundación José Félix Ribas y la representó en el sexto congreso de la Oficina Nacional Antidrogas (ONA).

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“El consumo de drogas no es un crimen, es una enfermedad”, sostiene Quiroz para mostrar su acuerdo con la sugerencia que se filtró de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.

Todos los especialistas coinciden en que para ayudar al consumidor es importante que se sumen distintos organismos públicos, instituciones privadas y diversos especialistas, porque es un problema que tiene muchas causas y, por lo tanto, debe ser tratado con un enfoque multidisciplinario: el psicólogo, el trabajador social, los médicos, no pueden trabajar solos, todos deben ir de la mano.

Mientras tanto, “Juancho” continuará cojeando de su pierna izquierda por no tener a la mano suficientes programas de prevención que lo alejaran, en su momento, de ese universo paralelo.

Foto: http://www.elintransigente.com

Nota: Este reportaje fue publicado por primera vez enwww.contrapunto.com, medio digital venezolano, el 2 de noviembre de 2015.

Nota: Este reportaje me permitió estar en la lista de espera de seleccionados para el taller de periodismo narrativo de Leila Guerriero, en Managua, Nicaragua, que se realizó del 22 al 26 de mayo de 2017.  

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