Un siglo de historia tras las rejas de «La 21»

Foto actual de la entrada a la cárcel "La 21" convertido en el Museo de Tradiciones y Leyendas en León, Nicaragua

Pinturas de dientes limados con metales, golpizas y hundimientos en pozos.

Esculturas hechas a mano de «Pancho Ñato», General Joaquín Arrechavala y la Llorona.

Todo está reunido en la cárcel «La 21», ubicada en la ciudad de León de Nicaragua: después de ser uno de los espacios de tortura característicos de la dictadura de los Somoza, ahora sus rejas se abren para mostrar la cultura tradicional nicaragüense.

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Pintura de las torturas durante la dictadura de los Somoza en la cárcel "La 21" ubicada en León, Nicaragua

La cárcel “La 21”, ubicada en la ciudad de León, fue fundada en 1921 –por eso, se le conoce de esa manera–. Pero las torturas –como aquella en la que los guardias ataban un botón a un cordón y obligaban a algún prisionero a tragar mientras bebía mucha agua. Luego, cuando este quería escupir, el guardia halaba el cordón y la víctima vomitaba sangre– comenzaron a aparecer después de 1956.

El 21 de septiembre de ese año, en la Casa del Obrero, en León, el poeta Rigoberto López Pérez le propinó cinco disparos al dictador Anastasio Somoza García, presidente de ese entonces desde 1937, mientras celebraba su proclamación como candidato del Partido Liberal Nacionalista (PLN) para su reelección presidencial. Rigoberto recibió 54 disparos de vuelta.

Pintura de las torturas durante la dictadura de los Somoza en la cárcel "La 21" ubicada en León, Nicaragua

A partir de ese acontecimiento, se suspendieron las garantías constitucionales e iniciaron las torturas para averiguar quiénes formaban parte del plan. Muchas de las personas que estaban en la fiesta fueron llevadas a “La 21”. Desde entonces, fue uno de los puntos de control de la guardia que era fiel a la dinastía familiar de los Somoza.

Hoy día, parte del techo en una de las salas no existe: los sandinistas levantaron fuego como señal de libertad y victoria cuando el 20 de junio de 1979 León se convirtió en la «Capital de la Revolución» al ser la primera ciudad fuera del control de la dictadura –el triunfo se consumaría el 19 de julio del mismo año–. Ahora, parte del techo es sustituido por bolsas plásticas negras para mantener las raíces del lugar.

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En todo el mundo, hay cárceles que son convertidas en museo. En algunas se deja el espacio intacto para mantener su historia, pero en el caso de la cárcel de este rincón centroamericano, sus celdas donde cabían entre 10 y 25 prisioneros comenzaron a resguardar, a partir del año 2000, figuras confeccionadas a mano por doña Carmen Toruño. La prisión estuvo abandonada durante 21 años.

Figuras hechas a mano por Carmen Toruño para el Museo de Tradiciones y Leyendas en León, Nicaragua

Ella es la creadora de la mayoría de las esculturas que están en el museo y también es su fundadora. Aunque el museo funciona en “La 21” desde el año 2000, el Museo de Tradiciones y Leyendas: General Joaquín Arrechavala fue inaugurado en 1993 en su casa ubicada en León. Sin embargo, el espacio no fue suficiente para la cantidad de visitantes y, por eso, después de hablar con el alcalde, deciden trasladarlo a la reconocida prisión.

La campesina inició el rescate de las tradiciones por su cuenta unos años atrás al “darle vida” a los protagonistas de las tradiciones que escuchó desde niña y que ella sentía que se estaban perdiendo, como «Pancho Ñato», la Llorona, el propio General Joaquín Arrechavala, entre otros.

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Neithan –moreno, corpulento, de mediana estatura y con un diente de oro–, uno de los guías, sabe de memoria tanto la historia de la cárcel cuando era cárcel como cuando se convirtió en museo.

“Pancho Ñato” –Pancho es el diminutivo para Francisco Juárez: a las personas con nariz plana le dicen “ñato” en Nicaragua–, actualmente puede lucir de cera, pero en los años 40 estuvo en carne y hueso en esa cárcel.

Figura de "Pancho Ñato" hecha por Carmen Toruño para el Museo de Tradiciones y Leyendas en León, Nicaragua

Él era como un Robin Hood en el departamento de León: ayudaba a los pobres de lo que robaba. Además de ese delito, se le adjudicaron otros presuntos crímenes, como robo de ganado, pero a la guardia le costaba capturarlo. La gente dice que tenía un pacto con el Diablo, que varios espíritus lo protegían, que se podía transformar en cualquier cosa que estuviera cerca, como en un poste de luz, para evitar ser visto.

Cuando finalmente lo arrestaron, “Pancho Ñato” estuvo en “La 21” y luego lo mandaron a otra cárcel donde murió como en 1950. De allí nació la leyenda de que su alma no descansa en paz y su espíritu suele aparecer en muchos lugares rurales de León para asaltar a las personas. “Si a ustedes les roban algo hoy y no saben quién fue, muchos culpan a ‛Pancho Ñato’ como una tradición popular”, relata Neithan.

En otra celda, un «¡ayúdenme por favor!» se escapa de una de las cornetas (bocinas). La versión nicaragüense de la Llorona cuenta que se trataba de una adolescente de Ometepe, al sur del país. Su mamá siempre le aconsejó que nunca se mezclara con los españoles porque eran personas aprovechadas. Ella no obedeció y quedó embarazada de un español. Cuando iba a nacer el bebé, el español la abandonó. Ella recordó las palabras que su mamá le dijo, tanto así que se llenó de odio hacia el bebé, se fue a un río y lo lanzó. Después quiso salvarlo, pero fue demasiado tarde. Ahora, en diferentes ríos al sur de Nicaragua, dicen que si un niño anda solo, la Llorona se lo roba en su estado de locura.

El General Joaquín Arrechavala no podía dejar de tener su personificación al cruzar otro de los pasillos de cemento iluminado con bombillos de luces amarillas. Fue un personaje español, alcalde de León a finales del siglo XVIII. Murió en 1823 a los 95 años. Para algunos, fue bueno porque realizaba muchas obras sociales, pero otros decían que se hizo rico porque robaba impuestos.

Figura de Joaquín Arrechavala hecha por Carmen Toruño para el Museo de Tradiciones y Leyendas en León, Nicaragua

Varios testigos aseguran que su espíritu sale después de las 10 pm: algunos cuentan que busca sus riquezas y no descansará en paz hasta que se reparta a todos en León en partes iguales; otros dicen que está imponiendo el orden en la ciudad porque en vida era muy rígido, castigaba a borrachos y ladrones. “Si lo ven, dicen que deben hacerle reverencia o él te azotará con su látigo”, advierte Neithan.

El recorrido de lo que, ahora, es un museo también abarca las figuras –hechas a mano por Carmen Toruño– para representar bailes típicos de Nicaragua –las Inditas–, así como fotografías para mostrar los símbolos nacionales –el pájaro Guardabarranco, la flor Sacuanjoche y el árbol Madroño– y las 17 iglesias católicas de León. Los angostos pasillos a lo alto de los muros de cemento de la cárcel donde la guardia de los Somoza mantenía su vigilancia es el fin del paseo.

Ahora, de los dientes limados con metales, las golpizas y los hundimientos en pozos solo quedan pinturas. Pero tras sus rejas, «La 21» encierra casi un siglo de historia política y cultural nicaragüense.

Foto actual de la entrada a la cárcel "La 21" convertido en el Museo de Tradiciones y Leyendas en León, Nicaragua
Foto antigua de la entrada a la cárcel "La 21" convertido en el Museo de Tradiciones y Leyendas en León, Nicaragua

Fotos: Yarelys Balza

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